Con un innovador financiamiento en litros de leche, avanza una “inversión gigante” en un tambo en Henderson
Tomás Gortari es parte de una familia que armó una suerte de fideicomiso propio para financiar la construcción de un tambo con tecnología de punta, para elevar un 20% la productividad, con bienestar animal y generación de bioenergía a partir de la bosta.
Tomás Gortari, tercera generación de una familia agropecuaria y segunda específica dentro del rubro de los tambos, cuenta que antes de las últimas elecciones presidenciales se reunieron con el directorio y plantearon, sin medias tintas, las decisiones que tomarían en base a tres escenarios posibles:
- Si ganaba el candidato 1 (para no hacer nombres), alquilaban todo el campo y se dedicaban a otra cosa.
- Si ganaba el 2, esperaban seis meses para ver si hacía algo de todo lo que decía que iba a hacer
- Si ganaba el 3, íban por todo.
“Ganó el tres y empezamos con la construcción de un tambo estabulado para 3.000 vacas, donde priorizamos el confort animal, la eficiencia nutricional, la posibilidad de empezar a producir energía con la bosta y el estímulo para la próxima generación”, repasa ahora Gortari mientras, de fondo, se escuchan motores de maquinaria pesada, atornilladoras y golpes de martillo.
Su ambición no es menor: “Queremos convertirnos en una empresa de alimentos y bioenergía a partir de la bosta de la vaca”, afirma.
Y pone en blanco sobre negro lo que para ellos representa una jugada “all in” como se dice en el Poler: “Para nosotros es una inversión gigante; es casi todo lo que tenemos, te diría el 80% de lo que vale nuestro campo, pero tenemos fe en el país, vemos buenas perspectivas para los próximos años”.
UN TAMBO SUPER TECNOLÓGICO EN HENDERSON
La obra consta de tres etapas. La primera es la calesita del tambo, dos de los galpones de vivienda y algunos detalles. Eso estaría listo para julio de 2026.
La segunda etapa serían otros tres galpones y la tercera etapa es la de riego y bioenergía, para lo cual ya se están haciendo estudios de factibilidad.
El corazón del negocio está en Henderson, a 400 kilómetros de Buenos Aires. Tomás es tercera generación. Si bien él se crió en la ciudad, la cosa viene de su abuelo y su padre, que toda la vida tuvieron campo. Eran invernadores hasta que el padre de Tomás decidió empezar con vacas lecheras.
“Cuando puso el primer tambo le fue muy bien, después nos agarraron las inundaciones y tuvimos que alquilar, yo aparecí en el tambo a los 10 años de que había comenzado, ahí teníamos 500 vacas, actualmente tenemos 2800 con proyección de llegar a 3000 en julio de 2026 y mejorar la eficiencia productiva por vaca”, explica Gortari.
Hoy esas 2.800 vacas producen más de 30 litros cada una por día de promedio anual, y la idea que tienen es llegar a 3.000 animales, con un ordeñe diario de unos 40 litros por cada uno. Es decir, un salto en la productividad por hembra del 20%.
“Es un número lógico, sin estridencias”, confía Gortari quien, a los 23 años, buscando qué hacer de su vida (porque el tambo no fue su primera elección) se fue a vivir a Nueva Zelanda donde trabajó de albañil, pintó calles, plantó pinos y, casi de manera fortuita, terminó trabajando casi dos años en un tambo, lo cual reconectó el amor por el campo y las vacas.
Eso fue hace más de 20, después trabajó un tiempo en AdecoAgro, en Venado Tuerto, hasta que finalmente recaló en el tambo familiar.
El esquema actual es con tres tambos, dos propios y uno alquilado. Antes de arrancar con la expansión de hoy, empezaron a “moldear” la vaca que querían, con genotipados, pero también organizaron mejor la empresa, armaron un directorio y ordenaron la gestión y recursos humanos.
EL FINANCIAMIENTO INVERSOR
Para tamaña jugada, lógicamente es fundamental el financiamiento. Y los Gortari fueron por distintos caminos, muy innovadores, desarrollando herramientas propias que funcionan de manera similar a los fideicomisos.
“Hoy, conseguir el dinero ocupa el 80% de mi tiempo y cabeza; al principio, hace un año y pico, los bancos empezaron a dar buenos créditos, agarramos esa etapa pero pensando en sacar el 30-40% de la primera etapa del proyecto porque no queríamos afrontar el esquema de devolución más típico en Argentina, que empezás devolviendo mucho y terminás devolviendo poco, nosotros necesitamos a la inversa porque todavía, no estamos produciendo más”, relata Gortari.
Y prosigue: “Después se cortó lo de los créditos y se me ocurrió empezar a buscar capital privado, donde ya tuvimos el aporte de dos personas/empresas”.
¿Cómo funciona? “Yo quería que alguien de afuera sea un tambero sin ordeñar y yo ser un tambero sin vacas, para esto, yo te vendo las vacas a vos, pero quedan dentro de mi tambo, yo las ordeño y te doy un fee mensual por esa cantidad de vacas”.
Otra modalidad, que es la que están haciendo actualmente, es vender una cantidad de litros de leche y dar un interés mensual sobre esos litros de leche. “Estos sistemas están buenos porque el capital lo terminás devolviendo al final del préstamo, hicimos una primera ronda y nos fue muy bien, ahora estamos haciendo una segunda ronda”, resume.
Para ponerlo en números: hoy están ofreciendo una tasa del 9% en litros de leche. Es una tasa por encima del mercado, pero, dice Gortari, “estamos dispuestos a pagarla porque el fuerte de la devolución es al final del contrato, que es a 4, 5 o 6 años”.
“Entonces, por ejemplo, vos ponés 500 pesos y compras un litro de leche, y nosotros te damos el 9% anual sobre ese litro de leche. Eso es durante la duración del contrato y al final se te devuelven los litros de leche. Todo esto se hace en base al litro de leche SIGLeA”.
Si bien no hay un mínimo para poder ingresar al sistema, “el piso son $ 150.000, aunque el que menos nos puso ronda los $400.000. Creemos que es un excelente negocio para ambas partes”, completa Gortari.
LOS ALIMENTOS PARA LAS VACAS
Por otro lado, también se las ingenian para producir el alimento. El silo, en su mayoría lo producen ellos mismos, pero hay una parte que compran a campos cercanos.
“Tenemos una modalidad de comprarles a los vecinos el día antes de picar el maíz, les pagamos un silo precio pizarra maíz lleno, con lo cual el productor se ahorra picado y flete, y nosotros dejamos una muestra de maíz en el lote y si rinde, por ejemplo, 10.000 kilos en granos después se le pagan la cantidad de hectáreas que se picaron por esos 10.000 kilos de granos. Creo es un buen negocio para las dos partes”, describe Gortari.
Con respecto a la nutrición de los animales, afirma que “va a ser la misma, pero vamos a dar de comer bajo techo, con piso de cemento”, porque “eso permite poder aprovechar el 100 por ciento de la comida porque, o lo comen o al final del día se junta y se dan a otra categoría, con lo cual se aprovecha todo”, añade
Y compara: “Hoy estamos dando de comer al aire libre, en comederos que la vaca tira una parte afuera, ni te cuento cuando hay barro que nos genera altibajos de producción porque no podemos controlar estas inclemencias ni el confort de la vaca”.
Así las cosas, con las nuevas instalaciones, los Gortari estiman un ahorro de 15% en comida. “Vos pensá que hay momentos del año en los que el 60% del cheque se nos va en alimentación”, cuantifica Gortari.
Pero, además, los nuevos galpones les van a permitir dar un mejor confort a la vaca, que, cuando está bien, obviamente, da más leche. “Tenemos 120 ventiladores por cada galpón, aspersores, camas de arena, un confort animal en donde las vacas pueden expresar todo ese potencial genético”, dice Gortari.
EL NEGOCIO DEL TAMBO HOY
En este contexto, cabe recordar que la producción láctea argentina atraviesa un momento tanto con luces como con sombras.
Por un lado, el ordeñe alcanzó en 2025 el nivel más alto de la última década y las exportaciones se sostienen, pero la rentabilidad del negocio sigue al filo.
En este contexto, Tomás Gortari pondera la previsibilidad “que nos permite dejar de pensar en un negocio apalancado en lo financiero para afianzarnos en lo que sabemos hacer, que es producir leche”, porque “al final, nosotros siempre tenemos que producir bien para sobrevivir”.
“La diferencia es que antes cualquiera te competía siendo hábil financieramente, a cuánto compró y a cuánto vendió, hoy el foco está más puesto en producir más litros de leche por vaca siendo eficientes en la alimentación y sabiendo comercializar la leche”, opina.
CLAVES Y PLACERES DE SER TAMBERO
Por último, al abordar su ocupación actual, considera que “cuando uno tiene tambo, la eficiencia y el volumen ayudan mucho“, y afirma que no operan como el resto de la cadena donde los tambos solo reciben el precio que las industrias abonan.
“Nosotros no estamos entregando leche, sino que comercializamos nuestra producción, todos los meses nos sentamos con las seis empresas con las que trabajamos y vamos negociando”, afirma Gortari consultado sobre las claves del negocio hoy.
Por otro lado, dice a modo de aprendizaje y enseñanza de vida: “Hay que saber que atrás de lo bueno viene lo malo y atrás de lo malo viene lo bueno, son ciclos y para uno y otro hay que estar preparados siempre, porque el tambo no te permite bajar los brazos nunca, si los bajás, te pasa factura, y esto incluye decenas de cosas, desde la genética y la alimentación a la gente y la gestión”.
-¿Qué es lo que más te gusta de ser tambero?
-Que todos los días tenés un desafío distinto y es constante, es un negocio mucho más variable que otro en el campo y te obliga a conocer de todo, pasás de un master en finanzas y negociaciones, a analista de riesgo, sos nutricionista, veterinario, agricultor, psicólogo, recursos humanos, plomero, electricista, molinero, mecánico… un poco de todo para que la cosa marche, eso sí, a mí me gusta rodearme siempre de gente que sepa más que yo en cada rubro, esa es otra de las claves. Y lo bueno -continúa el tambero-, es que todos los días jugás un partido y tenés un resultado en el tanque de leche. Cuando bajaste los litros, al otro día tenés revancha y podés mejorar. Para ser tambero te tiene que apasionar, te tiene que gustar y tenés que transmitir algo bueno para la próxima generación, llegar a tu casa y que te vean tus hijos siempre rezongando no es bueno, a nadie le va a gustar.










