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Otra brecha de rendimiento para mejorar: las pasturas también demandan una mayor fertilización

Fuente: Infocampo 10/02/2026 12:32:37 hs

Un informe de Fertilizar AC destaca la importancia de aportar nutrientes también a las pasturas, tanto naturales como implantadas, para lograr mayor cantidad de biomasa por hectárea y evitar una degradación rápida de los sistemas pastoriles.

En la agricultura argentina, desde hace años se viene hablando de manera sostenida de un concepto clave para explicar el estancamiento productivo: las brechas de rendimiento.

Una serie de factores, pero fundamentalmente la falta de fertilización, llevan a que los productores no logren sacarle el máximo jugo posible a los granos, perdiéndose anualmente miles de toneladas que podrían cosecharse si se mejorara el manejo agronómico.

Pero no es un fenómeno que afecta únicamente a la agricultura: en la producción ganadera, una mejor nutrición de pasturas podría ayudar a sacar más kilos de materia seca por hectárea, lo que a la larga significa más kilos de carne y una mayor eficiencia en la producción bovina.

LA FERTILIZACIÓN DE PASTURAS

De acuerdo con una encuesta realizada por Fertilizar Asociación Civil, cerca del 25% de los productores reconoce que nunca fertiliza sus pasturas perennes, mientras que alrededor del 50% sólo las fertiliza en el año de implantación.

“Esta falta de reposición de nutrientes conspira contra la persistencia y el potencial productivo de las pasturas, generando sistemas pastoriles que se degradan más rápido de lo esperado y que producen muy por debajo de su capacidad”, afirmó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de la entidad.

Desde Fertilizar recordaron que la nutrición de las pasturas es una de las decisiones de manejo con mayor impacto sobre la producción forrajera y, en definitiva, sobre los resultados de los sistemas ganaderos.

Sucede que un suelo bien nutrido permite no solo producir más pasto, sino hacerlo de manera más estable en el tiempo, con una adecuada composición de especies y mayor eficiencia en el uso de recursos clave como el agua y la radiación.

Sin embargo, como lo reveló el relevamiento, sigue siendo un aspecto subestimado en muchos planteos productivos.

Contraste evidente: a la izquierda, pastura fertilizada; a la derecha, sin fertilizar

Y no solo eso, estudios recientes confirman una pérdida de nutrientes en las distintas regiones, asociada a un desbalance entre extracción y reposición, que tiene impactos directos en estos sistemas de producción de forraje.

Además, en sistemas de producción, corte y extracción de pasto, este desbalance de nutrientes es mayor teniendo impacto directo en otros nutrientes de baja inclusión como calcio, magnesio y potasio. 

LA IMPORTANCIA DE CADA NUTRIENTE

Desde Fertilizar recordaron, de todos modos, que el nitrógeno es el nutriente que más directamente explica la producción de biomasa, especialmente en gramíneas. Su disponibilidad condiciona la tasa de crecimiento, la velocidad de rebrote luego del pastoreo y el contenido proteico del forraje.

Por eso, en pasturas puras de gramíneas, verdeos o mezclas con baja participación de leguminosas, el manejo del nitrógeno es determinante para capturar altos niveles de producción de pasto.

Fertilización forrajera: en el rendimiento del Panicum coloratum, el nitrógeno incide más que el agua

En cuanto al fósforo, en muchos casos es el principal nutriente limitante en pasturas templadas de la Región Pampeana. Un adecuado nivel de este nutriente favorece el arranque, el desarrollo radicular, el macollaje y la eficiencia en el uso de agua y radiación.

Además, resulta clave para sostener la presencia de leguminosas a lo largo del tiempo, cuyo aporte de nitrógeno constituye el principal aporte de proteínas en la dieta animal, representando un motor biológico de este sistema.

Cuando el fósforo escasea, la leguminosa suele resignar competitividad y la productividad y calidad del recurso forrajero cae de manera marcada.

“Sí, aunque suene complicado, el fósforo mejora la performance de las leguminosas que fijan el nitrógeno del aire, y se transforman en la fuente de proteínas de la dieta de los animales”, recalcó Ciarlo.

Por último, el azufre, muchas veces relegado, también cumple un rol central tanto en la cantidad como en la calidad del forraje producido. Está directamente vinculado a la síntesis de proteínas y a la eficiencia de uso del nitrógeno.

Deficiencias de azufre limitan las respuestas a la fertilización nitrogenada y reducen el valor nutritivo del pasto, aun cuando otros nutrientes se encuentren en niveles adecuados.

EL DESAFÍO PENDIENTE: LOS PASTIZALES NATURALES

Para Fertilizar, además, no se puede obviar que esta baja adopción de la fertilización contrasta con la importancia que tienen los pastizales naturales, una enorme fuente de recursos forrajeros en vastas zonas ganaderas del país.

El problema es que, en más del 90% de los casos, estos ambientes no reciben aplicaciones de nutrientes, desaprovechando una oportunidad concreta de mejorar su productividad, calidad y estabilidad mediante intervenciones estratégicas, de alto impacto y con gran margen de repago.

Así, en el contexto actual, Fertilizar opina que el incremento de los precios de la carne, la mejora en la relación insumo/producto y un aumento en la inversión en genética de los rodeos, definen un escenario favorable para incrementar la tecnología y el uso de fertilizantes en las pasturas.

El momento de las forrajeras: el boom ganadero abre “un escenario muy fértil para la inversión en pasturas”

No diagnosticar correctamente la oferta de nutrientes del suelo y no ajustar las dosis de fertilización implica resignar, por lucro cesante, una parte importante de una rentabilidad potencial que muchas veces está “escondida” en el crecimiento de las pasturas y verdeos.

“Medir, diagnosticar y nutrir de manera balanceada son las rutas más directas para transformar recursos en forraje, y forraje en kilos de carne y litros de leche”, concluyó Ciarlo.

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