El mercado de la carne vacuna se estabiliza: ¿qué se puede proyectar para el resto del año?
Tras un inicio de año con fuertes subas, los precios de la hacienda y la carne al consumidor parecen haber encontrado un techo. Un informe de la Fundación Mediterránea analiza los factores que ejercen presión en toda la cadena.
En un extenso documento de casi 10 páginas y más de 3.600 palabras, los investigadores del Instituto de Estudios (IERAL) de la Fundación Mediterránea, Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, abordaron uno de los temas más “calientes” que ha tenido el agro en este inicio de 2026: el precio y el consumo de la carne vacuna.
Un ítem tan sensible para la vida cotidiana de los argentinos ha sido gran tema de debate, debido a la escalada de los valores del asado y otros cortes bovinos, como consecuencia de dos factores sobre los que Garzón y Artusso profundizan: la menor oferta interna de hacienda por la mayor retención de vientres, y la extensión de las recrías, y la presión externa con valores internacionales de la carne que están sus máximos históricos.
En este marco, los economistas subrayan que el mercado parece haber encontrado por estos días su techo, aunque no se animan a proyectar cuánto durará y trazan algunos escenarios de lo que puede suceder hasta fin de año y luego, a mediano plazo, en un contexto distinto para el sector, con una política económica que no interviene precios ni mercados.
LA CARNE VACUNA: LA “FOTO” DEL INICIO DE 2026
“Luego de un arranque de año marcado por fuertes subas, el mercado de la carne bovina comienza a mostrar señales de estabilización. La reciente pausa en el precio de la hacienda sugiere la aparición de ciertos límites, tanto por el lado del consumidor, con menor capacidad de convalidar nuevos aumentos, como por el lado del sector exportador, cuya ecuación económica se ve exigida ante valores récord de la materia prima en dólares”, subrayan los autores en sus reflexiones finales.
¿Qué es lo que sucedió en el primer bimestre? Que el precio de la carne vacuna llegó a un promedio de $ 15.895 el kilo en febrero, alcanzando el valor mensual más alto de las últimas dos décadas, medido a precios constantes: es un 22% más que en 2025 y un 32% por encima del promedio 2006-2025.
Esto, en gran medida como consecuencia de la hacienda, que llegó también a su mayor valor real en dos décadas, con $ 4.745 por kilo vivo, 27% por encima del año pasado y 43% más que la media de los últimos 20 años.
En este contexto, Garzón y Artusso repasan que la fuerte revalorización de la hacienda y, en consecuencia, de la carne está asociada a un fenómeno de escasez, que se manifiesta tanto a nivel externo como en el mercado local, por los fenómenos ya anteriormente mencionados:
- En el plano internacional, por una menor producción, particularmente en algunos países exportadores relevantes, en un contexto en el que la demanda se mantiene en niveles altos.
- En el ámbito doméstico, un ciclo de retención de animales, tanto de hembras, por la retención de vientres, como de machos, para agregar kilos “baratos” por la buena oferta de pasto para la recría, en un contexto en que, sin intervenciones políticas en el mercado, el entorno anima más a los ganaderos a este tipo de estrategias de mediano y largo plazo.
Una clave en este marco es que “los precios de la hacienda se estabilizaron durante el mes de marzo” y “este comportamiento sugiere que el mercado podría haber alcanzado un nivel de equilibrio transitorio, en el que nuevas subas resultan más difíciles de convalidar y no puede descartarse alguna corrección en el corto plazo”, mencionan los investigadores.
Y añaden: “En este sentido, es probable que los valores máximos de la hacienda, al menos en la primera mitad del año, se hayan observado en los meses iniciales”.
LA CARNE VACUNA: ¿CÓMO SIGUE LA “PELÍCULA”?
De todos modos, los autores reconocen que, aunque coyunturalmente pueda encontrarse un techo, la realidad es que la dinámica va camino a seguir condicionada por factores de oferta, fundamentalmente por la retención de hembras que constituye una señal de recomposición de los stocks ganaderos y de apuesta por la actividad.
“Este proceso es, en esencia, la única vía sostenible para incrementar la producción de carne en el mediano plazo. Sin embargo, implica una restricción transitoria de la oferta disponible, lo que introduce una tensión de corto plazo entre consumo interno y exportaciones”, advierten Garzón y Artusso.
Así, el mercado parece entrar en un punto de inflexión donde la histórica puja entre mercado interno y exportación será más firme que nunca, ya que, en paralelo a las restricciones domésticas, el contexto internacional continúa ofreciendo condiciones favorables, con precios elevados y relativamente firmes y una demanda que, si bien podría moderarse en la segunda mitad del año, se mantiene elevada en el corto plazo.
Bajo este panorama, los economistas armaron una serie de escenarios para intentar predecir qué puede pasar tanto con la oferta al mercado interno como con las exportaciones, lo que lógicamente impactará en los precios.
Como antecedente inmediato, mientras que en el primer bimestre la producción de carne bovina cayó 9% interanual, las exportaciones crecieron un 5%, lo que implica que hay proporcionalmente más carne argentina viajando al exterior que en años anteriores.
A partir de estas referencias se consideran tres escenarios de producción para todo el año (-9% ia., -5% y -1%), y tres escenarios de exportaciones (+2% ia., +4% y +6%).
En términos de lo sucedido en lo que va del 2026, los escenarios suponen que, en el peor de los casos, la producción seguiría cayendo al mismo ritmo, mientras que en el mejor de los casos habría una importante desaceleración de la caída para cerrar el año casi en paridad al 2025.
En exportaciones los tres escenarios son expansivos, aunque el mejor caso no prevé un aumento muy superior al observado en el primer bimestre (+6% versus +5%).
De este modo, como puede observarse, de seguir todo como en el primer bimestre, el ajuste de volúmenes enviados al mercado interno sería muy fuerte, cercano al 13%, que en términos por habitante implicaría una disponibilidad media de unos 43,0 kilos, entre 6 y 7 kilos menos que en el 2025 (49,4 kilos).
En un escenario moderado de caída de producción (-5% ia), el ajuste en el mercado interno se reduce, aunque implicaría resignar en promedio unos 4 kilos aproximadamente de consumo de carne bovina por habitante.
Finalmente, si en el segundo semestre se observa una recuperación productiva, que cuasi compense el ajuste de la primera mitad del año, el consumo interno podría estar cerrando el año en 48 kilos promedio por habitante, solo 1 kilo por debajo del nivel 2025.
LA CARNE VACUNA: ¿ESTÁ CARA EN ARGENTINA CON RESPECTO AL MUNDO?
Por último, otro factor interesante de análisis introducido por Garzón y Artusso (que puede leerse completo aquí) reside en una comparación internacional de los valores de la carne bovina en Argentina y en otros países de la Tierra.
Puntualmente, tomaron como referencia tres cortes representativos del cuarto trasero, cuadrada, bola de lomo y nalga en la nomenclatura argentina, y los compararon con cortes similares de Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil, países importantes en el mercado cárnico mundial, salvo por Chile que es importador neto.
Argentina quedó a mitad de tabla, con valores en torno a 13-14 dólares por kilo, junto con Chile: está por encima de sus otros limítrofes que se ubican entre 9 y 11 dólares, pero por debajo de las naciones más desarrolladas, que alcanzan entre 18 y 22 dólares.
Así, en términos de precios, si bien la carne vacuna se ubica actualmente en niveles elevados respecto de su propia historia, la comparación internacional muestra que Argentina continúa posicionándose por debajo de los valores observados en economías desarrolladas y en línea con su nivel de ingresos.
“Esto sugiere que, en un escenario de mayor integración comercial, los precios internos tenderán a reflejar crecientemente las condiciones del mercado global”, opinan los investigadores.
Con todos estos puntos de análisis abordados, concluyen que, en perspectiva, el mercado de la carne bovina en Argentina podría estar transitando una transición hacia un nuevo equilibrio, caracterizado por una mayor inserción internacional, una oferta en proceso de recomposición y un consumo interno que tenderá a ajustarse, al menos en el corto plazo.
“En este contexto, es esperable una reducción del consumo per cápita de carne bovina, especialmente si se sostienen las condiciones actuales de retención y expansión de exportaciones. Este proceso también puede consolidar un cambio estructural en los patrones de consumo. La mayor competencia por la carne bovina, tanto a nivel local como internacional, junto con la evolución de los precios relativos, tenderá a impulsar una mayor diversificación hacia otras proteínas animales, particularmente carne porcina, que cuenta con una oferta abundante y costos de producción más bajos. Este desplazamiento, lejos de ser coyuntural, podría marcar una tendencia de mediano y largo plazo en la dieta de los consumidores”, completan.
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El informe completo de Juan Manuel Garzón y Franco Artusso: https://novedadeseconomicas.ieral.org/carne-vacuna-senales-de-un-nuevo-equilibrio-entre-consumo-interno-y-exportacion/
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