De Tierra del Fuego a Tandil, va por sus sueños: ser veterinaria y llevar sus caballos criollos a Palermo
A más de 2600 kilómetros de su casa, en Tierra del Fuego, María José Alonso tuvo que ponerle garra para hacer la carrera que soñaba. Hoy, a poco de recibirse, atiende bovinos y es criadora de criollos, que sueña con llevarlos a La Rural de Palermo.
Cuando era niña su padre la pasaba a buscar por el colegio y, mochila y mate en mano, se iban a su campo o a visitar otros campos a ver hacienda.
Claro, Alejandro Alonso, su papá, tenía y tiene engorde y cinco carnicerías en Tierra del Fuego, con base en Río Grande. Quizás por esa rutina, también seguramente por esa dinámica y lo que generó emocionalmente ese vínculo, es que María José Alonso recuerda, de muy chiquita, soñar con ser veterinaria.
Para eso, tuvo que dejar el terruño fueguino y echar a volar sus ilusiones hasta Tandil, donde hoy está terminando la carrera. Además, desde hace cuatro años que trabaja con un conocido veterinario de la zona.
“Siempre estuve rodeada de vacas”, reconoce con 26 años, María José que, si todo va bien, en marzo terminará de rendir las materias que le faltan y se recibirá de “vete”.
“Desde que tengo 4 años siempre fue mi anhelo, creo que ayudó mucho ese vínculo con mi papá y estar rodeada de animales, ese nexo que te hace compartir cosas de campo me hizo elegir veterinaria, no hubo plan b, siempre tuve esa determinación”, relata.
DEL “FIN DEL MUNDO” A LAS SIERRAS BONAERENSES
Como todo joven del interior (en este caso del interior en el confín del mundo), María José tuvo que dejar el confort del hogar para seguir ese sueño. Iba a ser Río Cuarto, pero se terminó decidiendo por Tandil. Al principio fue difícil. }
“Fue duro, muchos kilómetros en el medio, no conocía Tandil, ni conocía a nadie, quizás por eso me costó mucho al principio, de hecho, abandoné porque extrañaba”, reconoció la joven.
Y prosiguió: “Después, por suerte, hice amigos y me empecé a apropiar de la ciudad y todo se hizo más sencillo, obvio que hoy sigo extrañando y me pierdo cosas pero cuando voy los disfruto a full”.
En este marco, destaca también que en todos sus años estudiando aprendió que “la veterinaria no es sólo curar vacas (como había visto acompañando a su padre), que hay un montón de salidas laborales, es muy amplio”, cuenta Alonso al poner bajo la lupa la evolución que ha ido haciendo en su aprendizaje y sus intereses.
Sobre la profesión en sí, considera que “hoy no alcanza con ser un veterinario que hace de todo, hay que perfeccionarse, a mí me encantan las vacas y aspiro a poder ser buena en eso”.
Justamente, vinculado a este tema y refiriéndose a lo que pueden aportar los jóvenes veterinarios a la profesión, remarca: “Tenemos otra concepción de la carrera médico-veterinaria, como te decía, considero que el todólogo que antes iba a tu campo no va más, que hay que perfeccionarse, eso es enriquecedor”.
Sobre las nuevas tecnologías vinculadas al campo, Alonso destaca la utilización de drones: “Si bien no es algo específicamente de la veterinaria, el uso de drones en el campo facilita trabajos, permite hacer recorridas que de otra manera no se podrían hacer, se puede monitorear condición corporal, y la alimentación, es una gran herramienta”.
Consultada sobre cómo le ha ido o le está yendo siendo mujer en la manga, María José expone parte de su experiencia: “Creo hoy es más sencillo que antes, si uno demuestra ganas de crecer y aprender, hay lugar, obvio que hay gente que hay ambientes en los que uno es más o menos aceptada, pero no es imposible, hay que perseverar, porque al final, uno va a hacer un trabajo, y lo que digan es temporal, hay que estar preparada para saber cómo actuar”.
CRISIS Y OPORTUNIDAD LABORAL
Aquel comienzo dubitativo, extrañando Río Grande, hizo que María José perdiera un año. El segundo de la carrera. “Cuando hablé con mi papá me dijo ´o das todos los finales o te ponés a trabajar´, haber perdido un año no era excusa para quedarme en la casa vagueando, y ese impulso me llevó a buscar trabajo”, repasa.
En esa búsqueda, uno de los que contactó fue Javier Rojas Panelo, veterinario especializado en reproducción bovina (@veterinariorural en Instagram, con más de 100.000 seguidores).
“Le mandé durante tres meses a Javier hasta que un día me llevó con él, ¡mi primer trabajo! Ya son cuatro años desde entonces, y armamos un equipo de laburo firme, aprendiendo todo el tiempo del trabajo con los animales y del relacionamiento con la gente, él me ha dado un lugar donde me siento muy cómoda trabajando y aprendiendo”, cuenta Alonso que hoy, además del trabajo con Rojas Panelo, atiende urgencias.
-¿Cómo se divide tu año laboral? ¿Qué hacen en qué momentos del año?
-Para un veterinario abocado a la reproducción, todo comienza con los tactos en marzo-abril. En abril-mayo se hacen las inseminaciones de otoño, y empieza la época de revisaciones pre servicios en toros. Y una vez que terminamos eso en septiembre, comenzamos a preparar para la IATF (Inseminación Artificial a Tiempo Fijo) en vaquillonas y vacas. En el medio hay planes sanitarios, recorridas, pero ese calendario es más o menos el de un veterinario en esta zona que se ocupa de lo reproductivo.
-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy? Eso que te levantás y decís, ¡Qué bueno que me toca hacer esto!
-Lo que más me gusta es cuando me llaman para una urgencia y sentir que con mi trabajo y mi pasión estoy salvando una vida. Ese hambre de saber y ser mejor profesional me motiva a querer perfeccionarme y aprender más.
EL FUTURO
Es cierto. Lo que llevó a María José de las narices hacia la veterinaria fueron las vacas, los vacunos en general. Y hoy es lo que le da trabajo. Sin embargo, ella encontró un nuevo amor en estos años, entre sierras y relinchos.
“Hoy no sé bien qué quiero a futuro, está claro que la vaca me da de comer pero tengo una pasión que son los caballos, estoy rodeada de ellos y hace cinco años que tengo cría de criollos”, contó.
“Comencé con mi primer yegua pura, hoy voy por mi tercer cría propia y mi idea es, de apoco, ir creciendo como criadora y poder estar en distintas competencias, con el sueño de poder ir a Palermo algún día con mis crías”, comparte Alonso.
Para el cierre de la nota y con las excusa de conocer un poco más sus gustos, respondió un breve pin-pong.
-¿Mate o café? Cuantos por día?
-Mate. Eso no se discute. Con amigos, sola, de media mañana, de tarde, en el almuerzo, siempre viene bien un mate.
-¿Algún deporte que practiques o te guste ver?
-Ahora estoy vaga pero siempre hice natación y handball, desde muy chica.
-¿Qué música escuchás?
-Uff… Variado. Desde una playlist rutera con chacarera, Los Piojos y Soda Stereo, Dua Lipa y música en inglés. No me encasillo.
-¿La última serie que miraste o estás mirando?
-Ahora estoy viendo “The Resident” esas series con médicos me encantan.
-Cómo te va en la cocina?
-Me encanta cocinar, mi abuela me enseñó que es una forma de demostrarle cariño a la gente. Mi especialidad es la tortilla de papas rellena.
-¿Qué lugar no se puede dejar de visitar en Tierra del Fuego?
-En invierno me parece una actividad obligada ir a esquiar. Y en verano ir a hacer un trecking, Esmeralda.
-¿Tenés pensado volver a Tierra del Fuego?
-Por ahora no, es un ambiente difícil para vivir, hace mucho frío y mientras pueda me voy a mantener en la zona.










