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La oportunidad agrícola de Venezuela: “Hay 24 millones de hectáreas paradas, esperando inversores”

Fuente: Infocampo 06/01/2026 12:02:32 hs

Desde hace 15 años, un agrónomo cordobés vive en Venezuela, asesora productores y llegó incluso a crear una regional de Aapresid. Asegura que la soja tiene potencial para rendir como en la zona núcleo argentina y que la captura de Maduro enciende expectativas.

-Hola Hernán, ¿cómo estás? ¿Tranquilo?
-Ahora sí.

Aunque la voz de Hernán Torre atiende a 7.000 kilómetros de distancia, su semblante se puede sentir desde el otro lado de la línea: es el mismo de los miles de ciudadanos de Venezuela que celebraron la captura por parte de Estados Unidos del presidente, Nicolás Maduro.

“El sábado nos desayunamos con esa noticia, que obviamente fue una sorpresa, pero ya aquí está todo tranquilo. Los venezolanos son muy tranquilos, está todo el mundo trabajando con normalidad”, relata ante la consulta de Infocampo.

Torre no es venezolano nativo, pero sí por adopción: es un agrónomo oriundo de General Baldissera (Córdoba), en la zona núcleo argentina, que en 2010 comenzó a viajar hacia esa nación en búsqueda de posibles negocios para pooles de siembra, habida cuenta del potencial que ya se advertía para la soja allí.

Se enamoró del país y finalmente decidió instalarse: desde hace 15 años vive en el estado de Portuguesa, que es la zona núcleo venezolana, en las ciudades de Acarigua y Araure, donde asesora productores con quienes terminó conformando una regional internacional de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).

Siembra directa, “know how” argentino de exportación: Aapresid abrió su primera regional en Venezuela

Se llama “Polo Agropecuario” y está integrada por unos 20 productores que trabajan unas 20.000 hectáreas en total, de las cuales la mayoría -unas 15.000- son de arroz, y en el resto se siembran soja, maíz, frijol, ajonjolí y caña de azúcar.

Por ser una zona tropical, con altos niveles de lluvias y mucha oferta de agua para riego, la rotación es intensiva y se pueden hacer dos de estos cultivos por año.

EL “IMPRESIONANTE POTENCIAL” DE VENEZUELA

Con una década y media de trabajo en el país caribeño, Torre es palabra autorizada para relatar el potencial agrícola de ese país, y qué se puede esperar si avanzan los cambios de políticas que impulsa Estados Unidos para Venezuela.

Según Torre, el principal problema para la producción local ocurrió a partir de 2018, cuando comenzaron los graves problemas económicos y se acabaron los subsidios a los agricultores.

“Antes se subsidiaban los fertilizantes, los insumos, las semillas, todo, pero con precios controlados. Así y todo, un productor que sacara nomás 2.000 kilos de soja ganaba mucha plata. Pero cuando Venezuela entró en crisis, hubo que arreglarse como se pueda, llegó el libre mercado, entonces se necesitó logar productividad, cubrir costos, rentabilidad, y el 60% de los productores desaparecieron”, explica Torre.

La clave, en este contexto, es que según este asesor, esa productividad y competitividad no es difícil de conseguir en Venezuela, a raíz de sus condiciones naturales y de la infraestructura que quedó disponible, con las inversiones que se hicieron en sus años de “oro” en la producción petrolera.

“Lo primero que mira un inversor para poner dinero en el campo es el potencial ambiental. Y al respecto hicimos investigaciones con la Universidad Santa María, en las que llegamos a la conclusión que la soja puede alcanzar 58 quintales por hectárea, un rinde similar a Estados Unidos, Brasil o la zona núcleo argentina”, repasa Torre.

¿Cuánto se produce en la actualidad? Apenas alrededor de 18. “Tenemos para crecer más de 30 quintales, como mínimo”, se entusiasma.

El otro factor tentador, para Torre, es el riesgo de cosecha, que es muy bajo: midieron que es menor al 5%, lo que implica que, en 10 años, sembrando dos cultivos por campaña, apenas uno puede llegar a perder una cosecha de esas 20.

“El riesgo es muy bajo porque aquí no hay granizo, no hay grandes tormentas, no hay frío y solo te puede suceder algún régimen de lluvias muy fuerte, pero no es lo usual”, menciona.

De ahí que no duda: “Es impresionante el potencial”. Y calcula al respecto: “Son 24 millones de hectáreas que están paradas, esperando inversores”.

LA INFRAESTRUCTURA DE VENEZUELA, OTRO PUNTO A FAVOR

Ese potencial, vale insistir, no es solo agrícola: según Torre, si bien la infraestructura está deteriorada, ya existe, a la mayoría de los campos se puede llegar por carreteras pavimentadas, también existen muchas vías férreas y las salidas por alguna hidrovía, tanto por río o por mar, son muy accesibles en distancias.

Y el otro factor no menor es la ubicación geográfica de Venezuela: en el “centro del mundo”, a corta distancia de Estados Unidos y cerca de Panamá, lo que le facilita la salida de sus alimentos tanto hacia Europa y África, como hacia el Océano Pacífico y Asia.

“Es impresionante el potencial desperdiciado, parado, en Venezuela. Tiene plantas de almacenamiento por cinco veces más la producción actual, vías férreas hasta los puertos, no hacés más de 200 kilómetros y ya llegas al río Orinoco o al mar. Tienen toda la infraestructura para exportar, pero hoy la usan para importar, porque se produce muy poco y no se llega a abastecer la demanda propia”, lamenta.

También menciona que, con tanta abundancia de agua, hay embalses por todos lados y sistemas de riego abandonados, que pueden aprovecharse precisamente para la producción agrícola.

LOS CAMBIOS POLÍTICOS EN VENEZUELA Y SU IMPACTO EN EL AGRO

Bajo este panorama, para Torre es posible aprovechar todo este potencial si, a partir de ahora y como se espera, cambia la seguridad jurídica y política, de manera que quien compra una finca sepa que se va a respetar esa inversión y no van a cambiar las reglas.

“Lo que uno espera es que se abran las puertas a la inversión extranjera, que es esencial, porque el principal problema en Venezuela es que no hay crédito: el sistema financiero está limitado por el Gobierno, que obliga a un encaje legal obligatorio del 73% del dinero que tienen los bancos; es decir, no tienen margen para prestar”, sintetiza Torre.

Bajo este panorama, piensa que, al abrirse este impasse tras la captura de Maduro, se aguarda que haya tranquilidad política y seguridad jurídica.

“Esto puede caminar muy rápido, porque las condiciones productivas y de infraestructura están. Ya estoy teniendo llamados de inversores que quieren venir a ver todo”, asegura.

En este marco, un factor importante adicional es que, pese a tratarse de un Gobierno de tinte socialista, debido a los bajos niveles productivos internos nunca impuso retenciones. Por el contrario, la industria paga por la mercadería no solo el precio “lleno”, sino también un plus: lo mismo que le cuesta traerla desde afuera.

“Como no se cubre el consumo local, se paga la paridad de importación. Así, una soja que en Chicago vale 400 dólares, acá quizás se paga un 30% más”, compara.

De aquí se desprende el último dato que certifica el “enorme potencial” que describe Torre: mientras la demanda interna de soja ronda las 900.000 toneladas, la producción venezolana apenas alcanza 20.000.

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