Producción porcina: “ajustar las estrategias nutricionales” para reducir el estrés térmico y las pérdidas
En períodos de altas temperaturas, las cerdas sufren una fuerte caída en su bienestar y productividad, que se hace evidente tanto en las fases de gestación como lactancia.
En la producción porcina, uno de los mayores desafíos es el estrés por calor, sobre todo en el caso de las hembras reproductoras. En períodos de altas temperaturas, sufren una marcada caída en su bienestar y productividad, tanto en gestación como lactancia.
“Las implicancias de este estrés térmico no solo afectan su salud y confort, sino que también tienen un impacto directo en la eficiencia de los lechones”, advirtieron Cintia Fracaroli, especialista en nutrición de cerdos y David Fernandes Gavioli, técnico especialista en nutrición, ambos de Provimi Cargill Argentina.
Durante períodos de calor intenso, los especialistas remarcaron que los cerdos experimentan un aumento en la respiración. A partir de este cuadro, la energía de los procesos metabólicos se redirige hacia la regulación térmica, lo que limita la disponibilidad de nutrientes para el crecimiento o la producción de leche.
“En las cerdas lactantes, este fenómeno es aún más grave, ya que la reducción de la ingesta de alimento puede alcanzar hasta un 30%, lo que disminuye considerablemente la producción de leche”, señalaron.
Como resultado, la cantidad de leche disponible para los lechones se ve comprometida, lo que puede repercutir negativamente en su crecimiento y en la salud general del grupo.
ESTRATEGIAS DE MANEJO NUTRICIONALES
El estrés térmico durante los períodos de altas temperaturas afecta tanto la salud de las cerdas como la producción de los lechones. Ante esta problemática, los profesionales aconsejaron ajustar las estrategias nutricionales, para mitigar sus efectos y mantener así la productividad en la granja.
Durante estos períodos de altas temperaturas, las cerdas presentan un aumento en la demanda energética para regular su temperatura corporal, acompañado de una menor ingesta de alimento.
Ante esto, uno de los consejos pasa por incorporar ingredientes de alta densidad calórica, como aceites y grasas, que permiten a las madres cubrir sus necesidades energéticas sin aumentar el volumen ingerido. Estas fuentes de energía también son fácilmente digestibles y ayudan a mantener el consumo, evitando una reducción sustancial de calorías.
Otra estrategia es la suplementación con betaína (se trata de un aditivo nutricional) que contribuye al equilibrio hídrico celular y reduce la pérdida de agua.
También se pueden sumar aminoácidos esenciales y antioxidantes, que protegen las células y promueven la integridad intestinal y no se debe perder de vista que los minerales en la dieta complementan este esquema, al brindar un mejor desempeño fisiológico.
Además de la nutrición, un manejo adecuado del entorno de las cerdas resulta esencial. Algunas pautas a tener en cuenta son el control eficiente del microambiente, mediante una ventilación adecuada, sistemas de enfriamiento y abastecimiento continuo de agua fresca, que facilita la reducción del estrés térmico y sus consecuencias.
Con estos consejos, los productores podrán minimizar las pérdidas productivas asociadas a las altas temperaturas y optimizar los resultados en sus planteos.
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