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Huertas biodiversas: el abejorro nativo, un polinizador que eleva el rinde y la calidad del tomate

Fuente: Infocampo 12/05/2026 07:18:45 hs

La Facultad de Agronomía de la UBA y la empresa Brometan investigan al abejorro nativo Bombus pauloensis y desarrollan su potencial polinizador. Los ensayos surgen como una alternativa a las abejas de miel clásicas.

Gran parte de los cultivos que consumimos se benefician de la actividad de insectos polinizadores y alrededor del 35% de la producción mundial de alimentos depende de su trabajo: hay un insecto en particular que le está ganando terreno a la destacada abeja melífera ―Apis mellifera― y es el abejorro nativo de América del Sur

Y es que estos insectos resultan más efectivos en ciertos cultivos, trabajan de forma incansable y soportan condiciones extremas.

Así lo determinó un estudio realizado en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), liderado por Florencia Palottini, docente de Zoología Agrícola de esa casa de altos estudios e investigadora del CONICET.

EL ABEJORRO Y SU APORTE POLINIZADOR

Según Palottini, una de las principales características que hacen del abejorro un buen polinizador es que “posee un cuerpo grande y lleno de pelos, carga mucho polen y trabaja de forma constante hasta en condiciones adversas”.

A esas características, se suman el mecanismo de la polinización por vibración que vuelve a estos abejorros ideales para algunos cultivos, como tomates y berenjenas, que normalmente no liberan el polen a la primera.

En cambio, el abejorro logra que liberen todo el polen en la flor. Tan prometedora es para servicio de cultivos esta especie, que desde Brometan hablan de aumentos de hasta 25% en la cantidad —en comparación con el “hormoneo”—, 10% en peso y 3% en tamaño de los tomates.

El Bombus pauloensis es el abejorro que suele verse en jardines y espacios verdes del AMBA. Hoy se estudia su uso comercial en cultivos de tomate.

Cabe remarcar que, si bien son nativos, es difícil verlos en cantidad cerca de las producciones. “Los abejorros hacen sus nidos en cavidades y hojarasca acumulada en el suelo, y la agricultura intensiva reduce los ambientes disponibles para que nidifiquen”, explicó Palottini.

Por eso, para asegurar su presencia y aprovechar sus beneficios, los investigadores proponen “mudanzas artificiales”.

“CAJAS NIDO” PARA EL ABEJORRO

En eso trabajan las firmas Biobest, que cría a Bombus pauloensis, y Brometan, que comercializa las “cajas nido” y, actualmente, acompaña su trabajo con el respaldo del cuerpo de investigación de FAUBA que estudia el insecto.

El armado de una caja demora cuatro meses, cada una puede durar 8 semanas y ese tiempo puede prolongarse dependiendo la época del año, las condiciones del cultivo y el manejo de plagas que se realice.

“Son colmenas que tienen una reina, larvas, huevos y entre 80 y 120 obreras. Las colocás en el cultivo y los insectos empiezan a polinizar las flores a cambio de néctar y polen”, detalló María José Ramírez Soria, responsable de Sistemas Biológicos en Brometan.

En el tomate, el número de colmenas que se necesitan para ver resultados depende del tipo ya que cada uno tiene diferente cantidad de flores. “En redondo, estiman 6 por hectárea; en perita, 8, y en cherry, hasta 12 colmenas”, agregó Ramírez Soria.

Y ahí entran en juego las buenas prácticas, porque el hecho de tener una colmena dentro del invernadero implica un uso cuidado y medido de los agroquímicos. En ese sentido, “hay beneficios para el ambiente, para los operarios y para el alimento”, concluyó positivamente la integrante de Brometan.

Pero el rinde y la calidad no vienen solamente de una buena elección en la polinización. Hay mucha investigación previa.

Denise Nery, docente de Zoología Agrícola en la FAUBA, explicó el detrás de escena de todo esto: “Manejar abejorros implica muchos estudios para entender su biología y fisiología. Desde la FAUBA nos enfocamos en conocer el comportamiento de los abejorros y, en particular, en cómo aprenden: un aspecto clave para la polinización”.

Y especificó por qué hablan de aprendizaje: “Cuando una obrera va a una flor atraída por su color y su aroma, y encuentra una recompensa —néctar o polen—, genera una asociación. La siguiente vez que salga del nido, va a buscar ese color u olor para encontrar su alimento”.

Esa línea de estudio han seguido Palottini y su equipo, en experimentos que terminaron publicados en la revista científica Journal of Experimental Biology.

“Nuestro trabajo en el laboratorio le sirve a la empresa y a los productores. Mientras más aspectos biológicos conozcamos de esta especie nativa, mayores herramientas tendremos para plantear mejores manejos”, resaltó.

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