El acuerdo Mercosur-UE y su efecto en las retenciones: ¿cuántas toneladas más podría producir Argentina?
Mientras la aprobación del acuerdo Mercosur-UE entró en un impasse en Europa, un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Fundación INAI analiza cómo podría potenciar la producción y las exportaciones agroindustriales en el mediano plazo.
El Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea marca un punto de inflexión para la inserción internacional del agro argentino.
Tras más de dos décadas de negociaciones, el entendimiento establece un marco de reglas comerciales más previsible y estable, con implicancias directas sobre la competitividad del sector y sobre uno de los instrumentos más sensibles de la política agropecuaria: las retenciones.
Por el momento, hay incertidumbre sobre el plazo en que comenzará a regir el pacto, luego de que el Parlamento Europeo aprobara que el Tribunal de Justicia del viejo continente evalúe su legalidad, algo que podría demorar hasta dos años.
De todos modos, suponiendo que finalmente avanzará, un informe reciente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, elaborado en conjunto con la Fundación INAI, pone el foco en los compromisos asumidos en materia de derechos de exportación (DEX) y en cómo estos cambios podrían impactar sobre la producción y las exportaciones de cereales y oleaginosas.
EL ACUERDO MERCOSUR-UE Y LAS RETENCIONES
El análisis parte de una premisa central: más allá de su alcance integral, el acuerdo introduce límites concretos al uso de herramientas discrecionales que históricamente condicionaron las decisiones productivas.
Cabe recordar que desde el tercer año de entrada en vigor del acuerdo, la Argentina se compromete a no aplicar derechos de exportación a los productos destinados a la Unión Europea, con excepciones puntuales para algunas cadenas.
Entre ellas se destaca la soja, que queda sujeta a topes máximos decrecientes, con una consolidación inicial del 18% y una reducción gradual hasta el 14% en el décimo año.
El Acuerdo Mercosur-UE y una clave para el campo argentino: ¿el fin definitivo de las retenciones?
El trabajo advierte que, en la práctica, resulta poco viable aplicar derechos de exportación diferenciados según el destino de la mercadería. Las características propias de las cadenas agroindustriales, con múltiples etapas de comercialización y un destino final que no siempre se conoce al inicio del proceso, hacen que el impacto de los DEX se traslade al precio interno, independientemente del mercado de destino.
Bajo ese supuesto, el informe evalúa distintos escenarios prospectivos para el complejo de cereales y oleaginosas, utilizando un modelo de equilibrio parcial que la Bolsa emplea habitualmente para sus proyecciones de referencia. El objetivo es medir cómo un esquema de menor carga tributaria y mayor previsibilidad puede traducirse en más producción y más exportaciones.
Así, en un escenario base, sin acuerdo y con condiciones macroeconómicas estables, la producción total de cereales y oleaginosas alcanzaría hacia 2034/35 unas 155 millones de toneladas. Sin embargo, con una reducción de los derechos de exportación alineada con los compromisos del Mercosur–UE, ese volumen podría trepar a más de 160 millones de toneladas.
El escenario más dinámico surge al combinar la baja de DEX con mejoras en productividad asociadas a un mayor grado de previsibilidad. Según el informe, reglas más estables y mejores precios relativos podrían acelerar la adopción tecnológica y el cierre de brechas productivas entre productores, llevando la producción total a un potencial cercano a las 173 millones de toneladas.
Este crecimiento productivo tendría un correlato directo en el comercio exterior. Medidas a precios constantes, las exportaciones agroindustriales podrían pasar de poco más de USD 33.000 millones en la situación inicial a valores cercanos a USD 42.000 millones en el escenario de mayor dinamismo, con aportes significativos de cultivos clave como trigo, maíz y soja.
Además de los efectos cuantitativos, el informe subraya que el acuerdo incorpora otras disciplinas relevantes, como el compromiso de no recurrir a mecanismos discrecionales que en el pasado afectaron la operatoria comercial, reforzando así la previsibilidad normativa para el sector exportador.
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UN MARCO MÁS AMPLIO
Los autores aclaran que los resultados deben interpretarse como ejercicios de simulación, sujetos a los supuestos adoptados.
No obstante, destacan que los compromisos en materia de derechos de exportación forman parte de una arquitectura más amplia de inserción internacional, cuyo impacto excede largamente el análisis puntual de los DEX.
En ese sentido, el Acuerdo Mercosur–Unión Europea aparece como una oportunidad para consolidar a la Argentina como un proveedor confiable de alimentos, en un contexto global marcado por mayores exigencias regulatorias y una demanda sostenida.
La combinación de reglas claras, menor incertidumbre y mejores incentivos podría convertirse en un factor clave para fortalecer la competitividad sistémica del agro argentino en los próximos años.











