El trigo, en zona roja: con la suba de costos, los impuestos se llevan más del 100% de la rentabilidad
Según la Fundación FADA, la participación del Estado en la renta agrícola es del 104% en el trigo. Es consecuencia de la fuerte suba de costos por la Guerra en Medio Oriente, que destruye los márgenes. En general, el índice aumentó para todos los cultivos.
Mirando el agro por el retrovisor, la campaña 2025/26 comienza a alejarse, a medida que siguen avanzando las cosechas de soja y de maíz, mientras que la 2026/27 empieza a aproximarse, con el trigo que será el primero que aparezca en el parabrisas.
El problema es que ese camino está cada vez más tortuoso: la fuerte suba de costos que ha generado la guerra en Medio Oriente, sobre todo en lo que respecta a fertilizantes y combustible, combinado con un precio del grano en zonas bajas, hace que la proyección de márgenes esté lejos de ser alentadora.
Por el contrario, un dato que se conoció este martes, aportado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), es contundente: al difundir su índice de participación del Estado en la renta agrícola, estimó que en el caso del trigo lo que se llevan los impuestos incluso está superando la cantidad de dinero que puede generar una hectárea.
EL TRIGO, EN ZONA CRÍTICA
De acuerdo con el reporte de FADA, el índice general para todos los granos medidos (soja, trigo, maíz y girasol) se elevó en 6,1 puntos porcentuales y se ubica hoy en 62,5%. Es decir, que de cada U$S 100 que genera una hectárea, U$S 62,5 van a parar a las manos del Estado.
No obstante, esto es el promedio general: “El análisis por cultivo muestra realidades muy distintas, pero con un denominador común: la disminución de la rentabilidad”, advierte Fiorella Savarino, economista FADA.
Mientras en soja el indicador se ubica en 61,6%, en maíz se reduce a 56,8%. En este marco, la luz de alerta comienza a titilar con el girasol, el cultivo estrella de las últimas campañas, donde el porcentaje trepa al 80,3%.
No obstante, la señal es completamente de roja y de alarma en el trigo, donde el cálculo económico arroja una participación del Estado en la renta del 104,4%.
“Esto significa que la carga impositiva es mayor a la renta generada; en otras palabras, que el resultado económico no alcanza siquiera para cubrir el pago de los impuestos”, señala Savarino.
Así, este escenario deja al trigo en una situación particularmente delicada, fuertemente condicionada por el aumento de costos y la dependencia del cultivo a insumos clave, justo a un mes de que comience la siembra.
VIENTOS EN CONTRA DESDE MEDIO ORIENTE
Principalmente para el trigo, para los cultivos en general, este incremento del peso impositivo tiene directa relación con las consecuencias que está generando la guerra en Medio Oriente y el bloque del estrecho de Ormuz, donde circula el 50% de la urea a nivel mundial, un fertilizante clave en la producción agrícola, especialmente para el cereal.
“Esta edición del índice está, más que nunca, marcada por la coyuntura nacional e internacional: suba de costos como el combustible que impacta en los fletes, actualizaciones de impuestos provinciales y baja rentabilidad”, explica Nicolle Pisani Claro, Economista Jefa de FADA.
El caso de la urea es el más significativo: desde que comenzó el conflicto bélico, registró un aumento del 43% respecto a diciembre y del 39% en términos interanuales.
Este incremento impacta de manera directa en los costos productivos, especialmente en cultivos como el trigo y el maíz, que tienen una alta dependencia de la fertilización.
LAS PROVINCIAS TAMBIÉN RESTAN
No obstante, las investigadoras de FADA dejan en claro que no se puede culpar de esta situación solamente al incremento de costos: también talla la suba de impuestos provinciales y de tasas municipales, en un contexto en el que el Gobierno nacional sí al menos redujo el peso de las retenciones.
“El aumento del Índice es una combinación de dos cosas: la suba de los costos de producción, que hace achicar la renta agrícola, y la actualización de impuestos provinciales y tasas municipales, que hace que haya más pesos a pagar por cada hectárea. Así, cuando la renta se achica, los impuestos representan una porción más grande”, afirma Pisani Claro.
Del mismo modo, Antonella Semadeni, señala: “Este combo de costos en alza, ingresos ajustados y actualización de tributos provinciales, genera un efecto claro: aunque los impuestos que nos cobran no cambien estructuralmente, pesan más sobre una renta que es menor”.
“El encarecimiento de los insumos no es el único factor que presiona sobre los costos. También se registraron aumentos en otros componentes claves”, completa Luz Silvetti, economista FADA.
De hecho, la diferente estructura de impuestos provinciales y municipales hace también que el índice varíe en función de las provincias: mientras el promedio nacional es de 62,5%, Córdoba registra un 60,2%; Buenos Aires, 60,4%; Santa Fe, 57%; La Pampa, 60,4%; Entre Ríos, 67,6%; y San Luis 55,7%.
¿Qué sucedió? A inicios de año los impuestos provinciales y municipales se actualizaron e incrementaron su peso relativo sobre el total de lo que paga el campo: mientras en marzo de 2025 representaban el 6,4%, ahora significan el 9,7%.
En particular, se registraron aumentos del Impuesto Inmobiliario Rural que promediaron a nivel nacional el 79%, empujado principalmente por Buenos Aires. A nivel municipal, los incrementos rondan el 32%.
LOS COSTOS EN ALZA
En el capítulo de los costos, las labores o salarios agrícolas aumentaron un 33% desde diciembre, muy por encima de la inflación estimada para el mismo período (8,6%), lo que refleja un desfasaje importante en los costos operativos.
Por otro lado, los fletes también mostraron subas, impulsadas en gran parte por el aumento del combustible, producto de la guerra: un 8,4% en pesos y un 12% en dólares respecto a la medición anterior, lo que impacta directamente en la competitividad, especialmente en regiones alejadas de los puertos.
A esto se suma el deterioro en la relación insumo-producto. Hoy, para adquirir una tonelada de urea se necesitan 3,9 toneladas de maíz o 3,8 toneladas de trigo, una relación menos favorable que la de un año atrás.
“Todo esto configura un escenario en el que producir requiere cada vez más recursos, reduciendo los márgenes del productor”, cierra Silvetti.
Seguir leyendo









